Autos al alcance de todos

Muchos vehículos terminan como verdaderas chatarras, pero se quedan intactos en el alma de sus dueños.


 

Por Javier Noriega.

 

Brum, brum, brum… ¿Quién no ha hecho sonidos como ese mientras jugaba con autos de juguete? Para mí, los cacharritos fueron imprescindibles. Los tomaba entre los dedos, para sacarlos a pasear por las paredes. Eso siempre era más cómodo que ir arrastrándome por el suelo. Pensaba que solo así podrían hacer todo tipo de acrobacias. Era simplemente genial.

 

Mi primera colección de carritos me la compraron en una tienda de barrio, de esas de antes, en las que podías encontrar víveres y todo tipo de cachivaches o chucherías. En el local de la señora Gioconda, en la Av. Teniente Hugo Ortiz, en el sur de Quito, conocí a los Trans Am como el de Bandit y el Auto fantástico. Ahí también jugaba con la camioneta de Los Magníficos (Equipo A), con pichirilos, con mustangs y soñaba con otros modelos como la Máquina del Misterio que aparecía en Scooby Doo.

Con esos juguetes podía ser quien yo quisiera: Michael Knight, Fast, Meteoro o cualquier personaje que condujera un auto y vivir las más grandes aventuras en la calle o en el parque. Claro que los que pagaban las consecuencias de esas andanzas eran los carritos. Algunos terminaban como verdaderas chatarras y otros simplemente terminaban perdidos.

 

En ese entonces, tener el modelo que aparecía en una película o en una serie de televisión era cosa de niños. Luego, muchos de esos carritos, los que sobrevivieron a los juegos porque alguien los guardaba detrás de una vitrina, se volvieron objetos de culto y colección.

 

 

Aunque ese no fue mi caso (mis juguetes terminaron destruidos, pero llenaron mi alma), puedo decir que la pasión por coleccionar autos famosos y a escala ha hecho que empresas como Mattel o Hot Wheels tengan una muy buena fortuna. Esto gracias a personas que han llenado estantes de bibliotecas con modelos a escala. En Ecuador hay clubes de coleccionistas con miles de miembros en redes sociales como Facebook. Esos amantes del mundo en miniatura han invertido pequeños caudales en automóviles, camionetas, camiones, buses y hasta maquinaria pesada de distintos países.

 

 

En las colecciones de este tipo de fanáticos se puede sentir la pasión y hasta una especie de adicción que tienen chicos y grandes por poseer el último modelo que llega a las jugueterías.  En este punto, me encantaría decir que conservé los cochecitos que tenía cuando era niño y que soy un gran coleccionista. La verdad es que regalé y heredé mis juguetes a amigos y sobrinos, claro que siempre los llevo en mi memoria como el tesoro más preciado. Actualmente, me conformo con ver como mi hijo se divierte con carros y pistas, en un universo lleno de imaginación, en el que las paredes son carreteras y el suelo es donde terminan los trucos.

 

Acumulando recuerdos

 

Siempre he pensado que lo que marca una diferencia entre un niño y un coleccionista son las ganas de jugar. El primero lo hace sin importar las consecuencias y el segundo prefiere admirar toda la belleza de un juguete como si fuese una manzana prohibida. Estos últimos prefieren dejar a los autos con el empaque intacto y los clasifican por marca, modelo, año de fabricación, series o ediciones especiales que se hacen como parte del mercadeo de películas como las de superhéroes. Sobra decir que este tipo de autos son los más complicados de encontrar, especialmente si son a escala. Eso se debe a que su diseño es más detallado y porque se hace un número muy limitado de cada modelo.

 

Como en la vida real

 

Con los años comprendí que para jugar con un carrito solo se necesitan ganas y, en algunos casos, hasta un pedazo de madera con ruedas. Para ser coleccionista, en cambio, hay que contar con tiempo y dinero. Además, se debe cultivar otras experticias como administrar el inventario de los modelos, tener un gran espacio para exhibirlos y hasta volverse expertos compradores. Algunos comprueban que sus adquisiciones salgan con la pintura y los vidrios intactos de las jugueterías. Esos pequeños detalles son vitales en subastas en las que participan.

 

 

También hay los rápidos y furiosos del mundo a escala. Estos seres no se conforman con comprar hermosos carritos. Definitivamente, van más allá, rompen las cajas originales y modifican ruedas, pintura y hasta las estructuras de los pequeños coches para divertirse personalizándolos. Al final, cada fanático de los autos (reales, a escala o de juguete) se divierte a su manera.

Escalas

Autos de colección

La escala más común es de 1:64. Es decir, miden 7 centímetros.

Le sigue la de 1:43 y los autos miden 10 centímetros.

También están las escalas 1:24, de 18 centímetros, y 1:18, de 24 centímetros.

 

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