Se les apareció el diablo

No fueron uno ni dos, sino un montón los que dijeron haber visto al ‘rey del averno’. Supuestamente sucedió en una discoteca en el sur de Quito.


 

Por David Alemida García.

 

“¿Acaso fue la envidia?”, “¿cómo es posible que haya sucedido eso?”, “desde que eso pasó ya nadie acude a ese lugar”, eran solo algunos de los comentarios e inquietudes de la gente que escuchó la ‘sorprendente’ historia sobre la aparición del mismísimo diablo en la discoteca Palladium, en 1993.

 

Este sitio de diversión nocturna estaba ubicado en el barrio La Magdalena, en el sur de Quito. Era un lugar amplio, con muchas salas de baile y dos bares con barras inmensas. Se convirtió en el lugar de encuentro de los farreros de esa zona de la capital.

 

Esa discoteca funcionaba en un galpón que fue acondicionado para la diversión. Estaba completo y su diseño era espectacular. Un cartel inmenso estaba en la parte exterior y decía simplemente Palladium Discoteca. Era iluminado por luces de neón azules y rojas. Además, un hombre con un sombrero de copa, muy al estilo del ‘Tío Sam’, de Estados Unidos, adornaba el muro de ingreso. También contaba con una extensa zona para estacionamientos.

 

Mi hermana mayor, quien tiene cuatro años más que yo, asistió a esa discoteca un par de ocasiones y me decía que era espectacular. “La mejor gente del sur de la ciudad asiste. Incluso vienen del norte. Dos DJs se encargan de la música y las mezclas son lo que más gusta. Los precios de las bebidas son accesibles. Hay gran variedad y promociones”, me contó.

 

Algunos compañeros también me presumieron que una vez farrearon en la Palladium, pero no les creía. Los menores de edad no podían ingresar. Dos hombres muy espigados, uno de ellos de raza negra y otro gordo y calvo con barba de candado, eran los ‘cancerberos’ de la discoteca y tenían el ‘poder’ de rechazar a los que no les caían bien, o que “no cumplían con los requisitos” para entrar. Es decir, dejaban ingresar a las chicas lindas y a hombres elegantes o que tenían ropa de marca. Se fijaban mucho en el calzado de los caballeros.

 

La Platinum fue una discoteca que abrió sus puertas en el sur de Quito.

 

 

Algunos olían el azufre

 

Cuando me enteré de esa asombrosa historia, estaba cerca de cumplir 17 años y me la contó Katy, una compañera de clases a quien apreciaba demasiado y la llamaba cariñosamente ‘mami’, porque era la que me cuidaba cuando hacía alguna estupidez, como eso de beber licor, fumar o meterme en problemas por fijarme en la chica ‘equivocada’.

 

El supuesto encuentro con Satanás había ocurrido el viernes, a la medianoche. El sábado se comentaba lo supuestamente sucedido, el domingo las historias tomaban más matices, o sea más exageraciones y hasta alucinaciones, y para el lunes todos, pero todos, la comentaban en la fila de formación, a las 06:50, poco antes de entonar el himno nacional.

 

Recuerdo claramente que ese día llegué con las justas al colegio Benito Juárez, ubicado a pocos metros de la Palladium, y corrí a hacer fila.

 

“Todavía huele a azufre. ¿Sentiste? Pasé cerca de la discoteca y sentí mareos. De seguro sigue oliendo a humedad, fuego y cuerpos quemándose en el infierno, como en La divina comedia”, comentaba una chica de sexto curso.

 

Estaba preparado a escuchar más poco antes de cantar el himno. “Que exagerados estos hijos de su madre. Yo pasé cerca de la discoteca y todo está bien. Pero por ahí se inventan de que huele a azufre”, decía otro joven, también de sexto año.

 

Yo estaba en cuarto curso y de igual manera escuchaba a algunos compañeros comentar más al respecto. “Ya mismo se acaba el mundo. El Diablo viene por lo suyo”, decía el Álvarez, con fama de ser bromista y se le fue una carcajada sarcástica que fue escuchada por todos, hasta por el rector del colegio que enseguida lo mandó a llamar.

 

Tras eso, todos callaron y no hablaron más nada, hasta que el inspector general, que dirigía la formación, dijo por el micrófono: “No quiero que nadie comente esa estupidez de que se apareció el demonio en esa discoteca de allá (señaló la dirección). He escuchado tantas tonterías, como eso de que huele a azufre, que un montón de idiotas se lo está creyendo y repitiendo”.

 

Ese discurso no iba a pasar por alto, porque antes de que tengamos clases de Historia con el profesor René Venegas, algunos seguían con eso de que “huele a azufre”. Yo no sabía cómo olía el azufre. Así que pregunté y la primera en responderme fue Katy. “¿Has ido al Pichincha?”, me preguntó. Porque si has ido a ese volcán, por la parte de las fumarolas, podrás sentir ese olor. Pero yo pasé por la discoteca no sentí nada de eso. Más bien huele a orinas”, comentó.

 

La Palladium fue un lugar muy concurrido y tuvo sus momentos de fama.

¿Cómo mismo sucedieron las cosas?

 

Las cuatro horas de clase fueron largas y tediosas. Quizás estaba ansioso por escuchar qué mismo había pasado en la Palladium.

 

Cuando llegó al fin el recreo, pregunté sobre lo que había ocurrido. Katy fue la primera que me contó. “Verás, un primo mío dice que estuvo en esa discoteca el viernes y según me contó, dos chicas salieron corriendo y una de ellas se desmayó. Después, unos dos tipos se armaron con sus cinturones para atacar al supuesto demonio, pero no pudieron, porque uno de ellos cayó al piso y le salía espuma de la boca”.

 

Dos compañeras se unieron a la conversación y salimos al patio para que Katy nos dé más detalles. “Después de que este señor cayó al piso, todos se asustaron y salieron en estampida. Dicen que tres personas quedaron heridas, porque la gente les pisoteó. A la salida, todos estaban asustados y los gritos de las mujeres seguían, hasta que otras tres juraron ver al diablo y una de ellas decía que todo huele a azufre, que el diablo hizo de las suyas y que todos debían irse”, continuó.

 

“Mi primo se fue de ese lugar, pero dijo estar confundido y, según él, la gente salía exaltada y jamás vio al diablo”, concluyó.

 

Pero Miriam, otra compañera, dijo que le habían contado que el diablo se había presentado desde el inicio. “La gente dice, en primer lugar, que había llegado a la discoteca un hombre de raza negra, que se había bajado un carro de alta gama, que vestía un traje blanco muy elegante. Que tenía toda la dentadura de oro y que en la noche usaba gafas de sol. Que su olor era extraño y que lo primero que hizo fue dirigirse a la barra a pedir bebidas”, relató.

 

“Entonces la gente lo veía de pies a cabeza y que este hombre sacó de sus bolsillos fajos de billetes. No eran solo sucres, sino que cargaba dólares; entonces, muchas chicas se le acercaron y él les invitó tragos a todos. Después de un rato, una muchacha dijo haber visto que el hombre se sacó las gafas y que tenía los ojos rojos y diabólicos. Tras eso, notó que algo extraño salía por la parte inferior trasera de su pantalón. Que era algo que se movía cerca del taco de sus zapatos blancos y que cuando se acercó, vio que era una cola siniestra. Que gritó con todas sus fuerzas y que de pronto a este señor le salía humo del cuerpo y que unos cuernos le aparecieron en la cabeza”.

 

Pero el González, otro compañero, tenía otra historia, aunque coincidía que había otro diablo. “Me contaron que, efectivamente, se trataba de un hombre que vestía de pantalón blanco y que su camisa era roja. No especificaron que sea de raza negra, pero que le habían visto acompañado de tres modelos guapísimas”, narró.

 

“Que bailaban todos en la barra -continuó- y que justo a las 12 de la noche fueron a la pista, de la que empezó a salir humo y que de repente ese hombre se transformó en el diablo. Que su cuerpo era rojo, sus cuernos negros, de la forma de un toro y que esas mujeres empezaron a desvestirse. Y eso había sido una trampa para los curiosos, porque de pronto caían al piso y les salía espuma de la boca”.

La discoteca cerró sus puertas y jamás pudo reabrir. La gente no acudía después del episodio del supuesto diablo. (Imagen de ilustración)

 

Mala propaganda

 

Por mucho tiempo se escuchó esa absurda historia del diablo. Unos decían que era negro, otros que se trataba de un hombre caucásico y guapo. El asunto del olor a azufre estaba en casi todos los relatos.

 

Incluso en las noticias de la televisión se escuchó del problema de la Palladium, ya que la discoteca cerró por esos días y se hablaba de que hubo un crimen en su interior. También llegó el rumor de que hubo un incendio que fue controlado.

 

En las noticias, el tema de la aparición del supuesto Diablo fue tomado con humor y no pasó de ser una mala broma.

 

En mi caso particular, quería saber qué mismo sucedió y seguí preguntando. Después de pocas semanas comenzaron a darse otros comentarios, esta vez de que todo eso fue un invento creado por gente envidiosa que quería hacerle daño al dueño del negocio. Y lo habían conseguido, porque la discoteca no pudo abrir. Es decir, pasó cerrada por meses y después se la reabrió con otro nombre, y no resultó. La gente no acudía y las personas que invirtieron en el negocio perdieron.

 

Años más tarde, cuando se recordaba solo como anécdota lo del supuesto diablo, una persona de confianza que trabajaba para la Policía contó que lo que realmente pasó esa noche fue un lío de faldas, donde las drogas jugaron un papel importante.

 

Según contó, una pareja la estaba pasando bien en la discoteca, hasta que llegaron dos hombres y una mujer, esta última resultaba ser la esposa de ese hombre que estaba con la chica.

 

Los acompañantes de ella eran un hermano suyo y un primo. En ese lugar empezaron una discusión y se fueron a los puños, pero el ‘infiel’, que había consumido cocaína unos minutos antes, se desplomó al piso por un ataque cardíaco, y la mujer que estaba con él se volvió como loca (también estaba drogada) y gritó que uno de ellos era el diablo. Eso asustó a unas personas que vieron al hombre morirse en el piso, con espuma en la boca y que todo se salió de control.

 

Esta persona concluyó en que todas esas historias del demonio que se contaron fueron una total distorsión de la realidad.

 

 

Esta historia parte de un hecho de la vida real, pues hubo ese rumor de la aparición del diablo en una discoteca del sur de Quito.

 

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